Por: Alejandro Glade R.
En la Europa medieval las joyas que se usaban reflejaban a una
sociedad profundamente religiosa y centrada en las posiciones de las personas.
La realeza y la nobleza lucían oro, plata y piedras preciosas. En cambio clases
bajas usaban metales comunes, como cobre y peltre. El color (proporcionado esmaltes)
donde la piezas eran usadas además por el gran poder protector que era muy
valorado. Muchas de estas joyas presentaban inscripciones crípticas o mágicas,
que se decía que protegía a quien las portara.
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| Prendedor de ropa, piedras preciosas, piedra luna, rubí, granate, agua marina. |
En la Edad Media no existía la profesión de
joyero. Las joyas eran creadas por orfebres que también elaboraban una amplia gama
de otros artículos de oro (o plata), como cruces, santuarios, candelabros,
cálices, cubiertas de libros, sellos, diversos utensilios de lujo y, si el
monarca les concedía permisos especiales, podían acuñar monedas. Los orfebres,
al igual que otros artesanos, se organizaban voluntariamente en gremios. Los
orfebres monásticos tenían sus talleres en los propios monasterios, mientras
que los seculares se ubicaban en las calles más concurridas de las ciudades.
Las familias reales solían tener su orfebre favorito, a quien se le pagaba
generosamente por proveerles los broches, cinturones, anillos, collares e
incluso joyas de la corona más preciados.
Las principales materias primas
utilizadas para crear joyas eran, sin duda, el oro y la plata, generalmente
complementados con diversas gemas (como rubíes, zafiros, esmeraldas y
turquesas) y perlas. El oro era mucho más escaso en la mayoría de los países
europeos que en el Imperio bizantino o el mundo islámico. De hecho, la mayor
parte del oro europeo se acumulaba en Constantinopla (actual Estambul), la
capital bizantina, especialmente en la corte del emperador.
La situación cambió drásticamente
cuando los soldados de la Cuarta Cruzada conquistaron la ciudad en 1204 y
obtuvieron probablemente el mayor botín de guerra de la historia de la
humanidad. Sin embargo, muy pocos objetos han sobrevivido hasta nuestros días,
ya que las joyas medievales a menudo se vendían y fundían para fabricar otras
nuevas. Europa tuvo que afrontar varias escaseces de oro, mientras que la
situación con la plata fue mucho más favorable, especialmente tras el
descubrimiento de las riquísimas minas de Kutná Hora, en Bohemia, en 1298.
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| Broche de disco, segunda mitad del siglo VII. Lámina de oro, filigrana, piedra lunaradularia, cabujones de vidrio, granates, nácar y piedra lunar. |
A finales del siglo XIV, las piedras solían pulirse en lugar de tallarse, y su valor se determinaba por su tamaño y brillo. Los esmaltes, eran vidrios molidos cocidos a alta temperatura sobre una superficie metálica, estas permitieron a los orfebres pudieran dar color a sus diseños. Empleaban diversas técnicas para crear efectos que aún hoy están en pleno uso por los artesanos y joyeros actuales.
Normalmente había imágenes que decoran el reverso las cruces, que se usaban como punto de referencia para la meditación a finales de la Edad Media. Las escenas de la tapa muestran los Instrumentos de la Pasión —el látigo, la lanza, la esponja y los clavos— que se usaron durante la Crucifixión. Un pequeño fragmento de uno de los instrumentos de la Pasión (látigo, lanza, clavos, esponja) podría haber formado una reliquia, guardada en el interior del espacio vacío de la cruz. Las perlas simbolizaban la pureza, y las gemas rojas podrían haber simbolizado la sangre sacrificial derramada por Cristo.
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| Cruz relicario colgante, 1450- 1475, museo Victoria and Albert Museum, Londres |
Por: Alejandro Glade R.


